Primera situación: Un niño explorador perfecto decide
hacer algo no esperable en él, algo totalmente malo. Toma
un huevo podrido y lo arroja hacia la casa de la Sra. M., al otro lado
de la calle, con la única intención de ensuciar y arruinar
la pintura de la puerta de la casa de la inocente anciana. Justo cuando
el huevo está a punto de estrellarse contra la puerta, un ladrón
sale de la casa y el huevo estalla entre sus ojos. El ladrón
cae al suelo con toda la vajilla de plata de la Sra. M. en su bolsa.
Al día siguiente, el periódico anuncia: "¡Niño
explorador hace su buena acción del día!". La pregunta:
¿Fue ética la acción del niño? Cuando presento
esta situación en jornadas de capacitación de TDC o en
talleres para profesores, el 90% de los participantes responde de inmediato:
"Claro que no; su intención fue hacer daño".
Lamentablemente, esta respuesta apresurada refleja una ingenuidad total
respecto del campo de la Ética.
Segunda situación: Estoy jugando al golf con un amigo. Estamos
en la salida de un par cuatro. Desde allí, podemos rodear un
lago (como está diseñado el hoyo) o probar un golpe largo
de 240 yardas por encima del lago para intentar un posible eagle
o un seguro birdie, pero también con la posible consecuencia
de perder dos golpes en el agua. La pregunta: ¿La decisión
tiene que ver con la ética? ¡Sí! Lamentablemente,
muchos profesores de TDC no se dan cuenta de ello y se pierden lo divertido
de enseñar ética. ¡Eliminan la polémica!
Una pregunta más: ¿Puede ser "antiética"
una acción "moral"? ¡Por supuesto! Exploremos
estas respuestas con mayor profundidad ¡y que empiece la diversión!
Cuando los filósofos de la Antigüedad empezaron a postular
teorías éticas, se proponían responder a
dos preguntas fundamentales: ¿qué es la buena vida? y
¿cómo puede el hombre hallar la felicidad? Muchos filósofos,
desde Confucio hasta William David Ross, pasando por Aristóteles
y John Stuart Mill, han escrito extensas respuestas a estas preguntas.
Se proponían, en teoría, establecer códigos o principios
de conducta que creían mejores para guiar a la humanidad hacia
la felicidad. Como eran filósofos, entendían que la ética
no consistía en que una acción fuera buena o mala, como
se suele concebir erróneamente en la actualidad, porque no todos
los pueblos o culturas pueden ponerse de acuerdo en un código
único basado en un mismo conjunto de valores. Además,
es muy probable que les hubiera sorprendido el uso de la palabra ético
como sinónimo de moral o bueno, o el de la palabra
antiético como sinónimo de inmoral o malo.
(Si estos términos fueran sinónimos, en los restaurantes
comeríamos hamburguesas éticas.) Y me imagino que,
a pesar de sus propios egos, también sabían que sus sistemas
éticos serían eternamente discutidos por otros sistemas.
En este artículo, entonces, llamaremos estudios éticos
a los esfuerzos analíticos de aplicar teorías clásicas
a la forma en que la humanidad debería actuar en las situaciones
actuales para poder vivir lo que cada filósofo consideraba "una
buena vida".
Quizá deberíamos aclarar desde el principio que el propósito
de este trabajo no es el de discutir la idea original de los autores
de la guía de TDC ni el de sugerir, por la forma en que se suele
enseñar Ética en la actualidad, que quizá hayan
sido estrechos de miras. Antes bien, de acuerdo con el espíritu
internacionalista y la actitud de TDC de estudiar todas las cuestiones
desde diversos puntos de vista, mi objetivo es proponer que el estudio
de la Ética, en su concepción filosófica original
(usemos los nombres de los filósofos o no), sea usado como vehículo
para ampliar nuestra comprensión de las formas de conocer y las
áreas de conocimiento.
Volvamos entonces, en primer término, a la situación
del niño explorador. Sí, sin duda su intención
era hacer algo malo. (Obsérvese que en todo el artículo
usaremos términos como "malo", pero no como sinónimo
de ético.) Sin embargo, la consecuencia de haber arrojado
el huevo fue buena. Immanuel Kant y otros filósofos basados en
reglas sostendrían que la ética depende exclusivamente
de las intenciones; por el otro lado, J. S. Mill y los pensadores basados
en las consecuencias sugerirían que, dado que la medición
de las intenciones es algo totalmente subjetivo, incluso para quien
ejecuta la acción, sólo se puede medir una acción
por sus consecuencias. (¿Un padre le lee a su hijo todas las
noches para que llegue a ser un alumno brillante del BI o porque quiere
jactarse ante sus vecinos de que de que el niño es un estudiante
excelente?) Mill proponía una ética totalmente objetiva.
Si se piensa que eso es algo demasiado lógico, se estará
en lo correcto. ¿Cómo puede una persona prever todas las
consecuencias antes de tomar una decisión? Un buen alumno
de TDC debería poder hacer esta observación. Entonces,
¿se deben juzgar las acciones por sus intenciones o por sus consecuencias?
Ojalá que en las clases de TDC jamás se llegue a un acuerdo
sobre esta primera pregunta.
Está bien, para ustedes esa situación tiene que ver con
lo correcto y lo incorrecto; con la moral, si prefieren; pero ¿qué
puede tener que ver la historia del golf con la ética? Aristóteles
sostenía que la buena vida depende de la moderación,
y llegó a establecer una fórmula empírica clara
para determinar la posición moderada. Decía que la vida
virtuosa jamás podría alcanzarse mediante acciones que
estuvieran en los extremos del espectro. Para él, cada individuo
busca la fórmula de la felicidad a través de un procedimiento
seudocientífico de ensayo y error, que termina en algún
punto por la mitad. En oposición a ello se podría poner
al pensamiento hedonista. Al menos en los tiempos modernos, la mayoría
equipara al Hedonismo con una filosofía extrema (aunque el extremismo
no era la idea de Epicuro) que sostiene que el placer es el bien más
elevado, filosofía muy a menudo perseguida por nuestros alumnos
adolescentes.
Entonces, ¿en qué sentido es ética o antiética
la decisión del golf? Muy simple. Intentar lanzar la pelota por
sobre el lago es un esfuerzo difícil que la mayoría de
las veces resultará en un fracaso, y representa un estilo de
vida extremo. Conformarse, en cambio, con hacer par rodeando el lago
representa la forma de vida sensata y moderada. Aristóteles diría
que nadie, salvo Tiger Woods, debería intentar el golpe por sobre
el lago. Los estudiantes reaccionarán de diversas maneras a nuestra
segunda pregunta (¿Debemos actuar con moderación para
vivir una buena vida?): "¿No sería aburrida la vida
si todos actuáramos con moderación todo el tiempo? ¿Esa
filosofía no daría como resultado la mediocridad general?".
Discusiones adicionales sobre el ejemplo del golf podrían llevar
también a otras preguntas: ¿La decisión sería
diferente si hubiera otros involucrados (por ejemplo, si el ganador
se quedara con la casa de la familia del perdedor o si no fuera un juego
individual, sino de equipo)? Alguien podría sugerir que la madurez
involucra saber cuándo correr riesgos (durante un juego amistoso
de golf) y cuándo actuar con moderación (e invertir en
fondos para la jubilación).
Si se incluye a otros en la decisión, se plantea un tercer debate
ético: el del bien común frente al egoísmo. Hace
poco, en una excursión a un museo de arte y recreación
en Hollywood, después de un largo trayecto en autobús,
tres alumnos de mi clase se escaparon para comprar algo para comer.
Durante todo el año la clase había estado aprendiendo
que las acciones individuales en estos viajes afectarían a la
clase entera, porque, en público, todos representamos a nuestro
colegio. A pesar de nuestras instrucciones, los tres alumnos se escabulleron
y, por desgracia, pronto se vieron envueltos en un malentendido en un
restaurante. Semanas más tarde, cuando todo se calmó,
la dirección prohibió a toda la clase futuros viajes de
campo, que suelen ser algo destacable del nivel superior.
Probablemente todos coincidiremos en que la acción de esos tres
alumnos fue mala, porque desobedecieron las reglas. Sin embargo, en
el sentido clásico, Platón diría que actuaron de
manera inmoral porque descuidaron el bien común en favor de su
propio ego. (En La república, Platón llega a sugerir
que los maestros abandonen a sus hijos para poder dedicarse por completo
al estado.) La perspectiva contraria podría estar representada
por Spinoza, que consideraba que la virtud surgía directamente
de la satisfacción del ego: la sociedad progresa cuando el individuo
se ocupa de sus propias necesidades. ¿En qué punto estaría
hoy la tecnología mundial si Bill Gates no hubiera estado interesado
en ganar dinero para él mismo? (Naturalmente, se puede dudar
de la posibilidad de que el mundo haya salido beneficiado por la escapada
de los alumnos al restaurante, pero el punto aquí es que para
determinar la ética de una acción se debe evaluar tanto
el bien común como el del propio ego.)
En ese sentido, constantemente tomamos decisiones, quizá sin
percibir las dimensiones éticas que implican. Con frecuencia,
los sábados a la noche mi esposa y yo decidimos en qué
película gastaremos ocho dólares cada uno. Para mí,
gastar dieciséis dólares en una tonta historia de amor
es un desperdicio total, ya que en pocas semanas estará disponible
en video. Entonces, ¿debo satisfacer mi ego y arrastrarla a ver
una película valiosa para TDC o tengo que garantizar la "felicidad
familiar" y soportar a Meg Ryan durante dos horas? Obviamente,
seguiré a Platón -por la senda del bien común-
y no a Spinoza.
Cuando se supo que nos habían prohibido los viajes de campo,
muchos profesores de nuestro colegio comentaron que era inevitable,
dado que el curso del 2003 estaba lleno de "manzanas podridas"
y ese incidente era apenas uno más de una larga serie de hechos
desafortunados. En síntesis, estábamos condenados. Y ese
es otro tema de la ética clásica, que nos lleva a una
cuarta pregunta: para alcanzar la felicidad y vivir una buena vida,
¿debemos aceptar nuestro destino o intentar cambiarlo? El estoicismo
clásico, fundado por Zenón y apoyado por Epicteto, sostiene
que la virtud radica en la aceptación de las cartas de que disponemos.
Ganar o perder un partido de fútbol es algo predeterminado y
por más que nos preparemos no lograremos cambiar el resultado.
Por lo tanto, las exhibiciones de alegría o dolor no tienen razón
de ser (de ahí el uso actual de la palabra estoico). Por eso,
el hecho de que María acepte la invitación (no deseada)
de Fred al baile de graduación o que siga insistiendo con Bill
es una decisión ética. El verdadero estoico dirá
que todo saldrá tal como estaba predestinado. María puede
decirle que sí a Fred y hacerlo feliz; luego, quizá Fred
se enferme y no pueda ir al baile, y ella termine yendo con Bill, objeto
de su verdadero afecto. Algo para destacar aquí es que en las
clases de TDC de mi colegio la mayoría de los alumnos sostiene
que debemos ser artífices de nuestro propio destino, y que esa
es la única forma de abrirse camino en la vida. Sin embargo,
en las clases de filosofía, muchos adoptan una actitud estoica,
quizá tras haber pasado por varios "amores verdaderos"
y experimentado algunos momentos difíciles que de algún
modo los esclarecieron, o por haberse rendido a la convicción
religiosa de que todo sucede por algún propósito.
Muchos dirán que los tiempos y las culturas cambian (como la
vida de los alumnos), y que, por lo tanto, los absolutos no tienen sentido.
Esto nos lleva a un quinto tema de debate: ¿la ética es
absoluta o relativa? En una época, cuando yo estaba en el colegio
secundario, para asegurarse de que mantuviéramos la distancia
adecuada al bailar, los profesores caminaban entre los alumnos con reglas
en la mano. Si alguna vez llegábamos a tener la suerte de poder
bailar mejilla a mejilla cuando un profesor nos daba la espalda, no
queríamos lavarnos ese lado de la cara durante una semana. Cuando
Elvis se hizo famoso, en la iglesia nos pedían que juráramos
no mirar sus movimientos inmorales. Avancemos rápidamente hasta
el 2003. El baile más popular de los colegios secundarios del
sur de California podría ser hoy el freak, un claro intento
de imitar las relaciones sexuales en la pista de baile (lo único
que impide que la relación sexual sea real es la ropa que se
exige en todos los bailes escolares, pero aun así la sensación
se acentúa si las chicas dejan ver que no llevan ropa interior).
La justificación de los alumnos es simple (y probablemente era
la que usábamos cuando nos atrapaban bailando mejilla a mejilla
hace treinta y cinco años): "Todos lo hacen". Es lo
"normal". La moral es algo relativo.
La búsqueda de absolutos ofrece una excelente posibilidad de
debate para la clase de TDC. ¿Y los Diez Mandamientos? El cuarto
mandamiento dice: "Santificarás las fiestas". Eso implica
un día de descanso para honrar a Dios. ¿Es relevante hoy?
Uno se vería en apuros para encontrar un alumno del BI de mi
colegio que no hiciera tareas escolares en su "Sabbat". ¿Y
la regla de oro "No le hagas a los demás lo que no te gustaría
que te hicieran a ti"? En el espíritu del internacionalismo,
quizá sea conveniente desterrar esta regla; lo que es bueno,
correcto o conveniente para nosotros, en los Estados Unidos (¿la
democracia? ¿la riqueza?), puede no serlo para otras culturas.
(Por desgracia, muchos de los líderes del mundo actual no han
estudiado TDC.)
Así, nuestro curso de TDC puede cerrar el círculo. Empezó,
quizá, con un debate sobre la naturaleza objetiva o subjetiva
de la verdad, y ahora vemos que la Ética merece la misma intensidad
de discusión.
Vemos entonces que la Ética no se limita a una cuestión
de verdadero o falso. Cada área de conocimiento es tema de cuestionamiento
ético. ¿Debería permitirse la clonación
de partes del cuerpo humano para poder salvar vidas, pese a la posibilidad
de que algún Hitler futuro quiera clonar una raza perfecta? ¿Deben
los matemáticos abusar de las estadísticas para influir
a los inversores y ayudar así a la economía? ¿Deben
los historiadores escribir historia para preservar la integridad etnocéntrica
de una nación? Los filósofos clásicos podrían
decir fácilmente que la respuesta ética a estas tres preguntas
es sí.
Esto nos lleva a una última y desconcertante pregunta: ¿Puede
una acción ser "moral" pero antiética, o viceversa?
La respuesta es sí. Pensemos en el Papa, en el Vaticano. Más
allá de nuestras convicciones religiosas, podríamos aceptar
que el Papa es un líder espiritual que se encuentra en condiciones
de tomar decisiones morales para la humanidad. Sin embargo, su posición
sobre la inmoralidad de cualquier forma de control de la natalidad que
no sea el método del ritmo influye en las prácticas sexuales
de los católicos de todo el mundo. Si aceptamos también
la premisa de que, en países predominantemente católicos
como México, la superpoblación es la raíz de muchos
problemas (por ejemplo, la niebla tóxica, la deforestación
y la contaminación ambiental), rápidamente podremos concluir
que, de acuerdo con el criterio del bien común, el dictamen del
Papa es antiético. Su posición moral lleva directamente
a problemas de superpoblación.
Finalmente, también es cierto que las acciones "inmorales"
pueden ser éticas. En el último decenio ha crecido mucho
en los Estados Unidos las popularidad de las drogas para mejorar el
rendimiento deportivo. Muchas de esas drogas pueden conseguirse sin
receta médica, tanto por el atleta profesional como por el estudiante
secundario de culturismo. Sin embargo, muchos dirían que su uso
es "inmoral", porque brinda ventajas atléticas injustas
a quien las toma o porque son malas para la salud. Supongamos que, pese
a las advertencias, un atleta famoso toma estimulantes y muere en el
campo de deportes frente a miles de aficionados. A causa de ese hecho
terrible, millones de atletas de colegios secundarios dejan de tomar
drogas. Observando objetivamente, los filósofos basados en las
consecuencias concluirían que, dado que los buenos resultados
exceden en mucho a los malos (muchos atletas de colegio secundario dejan
las drogas frente a un solo hecho trágico), la toma de drogas
del atleta profesional fue algo "ético". Su acción
dio como resultado el mayor bien para el mayor número de personas.
(Obviamente, hace cientos de años, cuando muchas de las teorías
éticas fueron propuestas, el mundo era un lugar mucho más
simple.)
Una vez más, recordemos que el objetivo de este artículo
no es el de desacreditar la equivalencia moderna entre ética
y moral. Esa tendencia es comprensible e imposible de desterrar,
y probablemente sea producto de la evolución natural del lenguaje
en la cultura (¡una pregunta transversal de TDC!). Tampoco pretendo
sugerir que existan formas correctas o incorrectas de enseñar
ética. De hecho, a veces es conveniente un enfoque no filosófico
para TDC. Sin embargo, sostengo que, en el espíritu de TDC, con
su exigencia integral de examinar las cuestiones desde múltiples
puntos de vista, la ecuación "ética es igual a moral"
parece algo corta de miras. Desde mi punto de vista, TDC debe ser una
asignatura provocativa, dinámica y desprejuiciada. La discusión
de los problemas del mundo moderno a partir de la ética clásica
ofrece una maravillosa oportunidad para alcanzar esos objetivos y es
algo que se puede hacer fácilmente, sin siquiera mencionar el
nombre de un filósofo, si así lo prefiere el profesor.
Temo que existe un peligro: restringir la idea de ética a la
de "moral" puede limitar la unidad de TDC sobre Ética
a la moral particular del profesor o del país, y que parezca
que ese sistema relativo de valores es absoluto. Con la mira puesta
en la comprensión internacional, las clases de TDC merecen una
perspectiva mucho más amplia.
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