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No. 48, agosto 2004

 
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Contra la identificación entre ética y moral

Jerry Chris
Mission Viejo High School, California, EE. UU.

"Moral" y "ética" suelen ser considerados sinónimos, pero la palabra "ética" deriva de las teorías éticas que integran el campo de la Ética. En este artículo, Jerry Chris sostiene que la referencia a algunas teorías éticas en TDC puede enriquecer la experiencia de los estudiantes.


Primera situación: Un niño explorador perfecto decide hacer algo no esperable en él, algo totalmente malo. Toma un huevo podrido y lo arroja hacia la casa de la Sra. M., al otro lado de la calle, con la única intención de ensuciar y arruinar la pintura de la puerta de la casa de la inocente anciana. Justo cuando el huevo está a punto de estrellarse contra la puerta, un ladrón sale de la casa y el huevo estalla entre sus ojos. El ladrón cae al suelo con toda la vajilla de plata de la Sra. M. en su bolsa. Al día siguiente, el periódico anuncia: "¡Niño explorador hace su buena acción del día!". La pregunta: ¿Fue ética la acción del niño? Cuando presento esta situación en jornadas de capacitación de TDC o en talleres para profesores, el 90% de los participantes responde de inmediato: "Claro que no; su intención fue hacer daño". Lamentablemente, esta respuesta apresurada refleja una ingenuidad total respecto del campo de la Ética.

Segunda situación: Estoy jugando al golf con un amigo. Estamos en la salida de un par cuatro. Desde allí, podemos rodear un lago (como está diseñado el hoyo) o probar un golpe largo de 240 yardas por encima del lago para intentar un posible eagle o un seguro birdie, pero también con la posible consecuencia de perder dos golpes en el agua. La pregunta: ¿La decisión tiene que ver con la ética? ¡Sí! Lamentablemente, muchos profesores de TDC no se dan cuenta de ello y se pierden lo divertido de enseñar ética. ¡Eliminan la polémica!

Una pregunta más: ¿Puede ser "antiética" una acción "moral"? ¡Por supuesto! Exploremos estas respuestas con mayor profundidad ¡y que empiece la diversión!

Cuando los filósofos de la Antigüedad empezaron a postular teorías éticas, se proponían responder a dos preguntas fundamentales: ¿qué es la buena vida? y ¿cómo puede el hombre hallar la felicidad? Muchos filósofos, desde Confucio hasta William David Ross, pasando por Aristóteles y John Stuart Mill, han escrito extensas respuestas a estas preguntas. Se proponían, en teoría, establecer códigos o principios de conducta que creían mejores para guiar a la humanidad hacia la felicidad. Como eran filósofos, entendían que la ética no consistía en que una acción fuera buena o mala, como se suele concebir erróneamente en la actualidad, porque no todos los pueblos o culturas pueden ponerse de acuerdo en un código único basado en un mismo conjunto de valores. Además, es muy probable que les hubiera sorprendido el uso de la palabra ético como sinónimo de moral o bueno, o el de la palabra antiético como sinónimo de inmoral o malo. (Si estos términos fueran sinónimos, en los restaurantes comeríamos hamburguesas éticas.) Y me imagino que, a pesar de sus propios egos, también sabían que sus sistemas éticos serían eternamente discutidos por otros sistemas. En este artículo, entonces, llamaremos estudios éticos a los esfuerzos analíticos de aplicar teorías clásicas a la forma en que la humanidad debería actuar en las situaciones actuales para poder vivir lo que cada filósofo consideraba "una buena vida".

Quizá deberíamos aclarar desde el principio que el propósito de este trabajo no es el de discutir la idea original de los autores de la guía de TDC ni el de sugerir, por la forma en que se suele enseñar Ética en la actualidad, que quizá hayan sido estrechos de miras. Antes bien, de acuerdo con el espíritu internacionalista y la actitud de TDC de estudiar todas las cuestiones desde diversos puntos de vista, mi objetivo es proponer que el estudio de la Ética, en su concepción filosófica original (usemos los nombres de los filósofos o no), sea usado como vehículo para ampliar nuestra comprensión de las formas de conocer y las áreas de conocimiento.

Volvamos entonces, en primer término, a la situación del niño explorador. Sí, sin duda su intención era hacer algo malo. (Obsérvese que en todo el artículo usaremos términos como "malo", pero no como sinónimo de ético.) Sin embargo, la consecuencia de haber arrojado el huevo fue buena. Immanuel Kant y otros filósofos basados en reglas sostendrían que la ética depende exclusivamente de las intenciones; por el otro lado, J. S. Mill y los pensadores basados en las consecuencias sugerirían que, dado que la medición de las intenciones es algo totalmente subjetivo, incluso para quien ejecuta la acción, sólo se puede medir una acción por sus consecuencias. (¿Un padre le lee a su hijo todas las noches para que llegue a ser un alumno brillante del BI o porque quiere jactarse ante sus vecinos de que de que el niño es un estudiante excelente?) Mill proponía una ética totalmente objetiva. Si se piensa que eso es algo demasiado lógico, se estará en lo correcto. ¿Cómo puede una persona prever todas las consecuencias antes de tomar una decisión? Un buen alumno de TDC debería poder hacer esta observación. Entonces, ¿se deben juzgar las acciones por sus intenciones o por sus consecuencias? Ojalá que en las clases de TDC jamás se llegue a un acuerdo sobre esta primera pregunta.

Está bien, para ustedes esa situación tiene que ver con lo correcto y lo incorrecto; con la moral, si prefieren; pero ¿qué puede tener que ver la historia del golf con la ética? Aristóteles sostenía que la buena vida depende de la moderación, y llegó a establecer una fórmula empírica clara para determinar la posición moderada. Decía que la vida virtuosa jamás podría alcanzarse mediante acciones que estuvieran en los extremos del espectro. Para él, cada individuo busca la fórmula de la felicidad a través de un procedimiento seudocientífico de ensayo y error, que termina en algún punto por la mitad. En oposición a ello se podría poner al pensamiento hedonista. Al menos en los tiempos modernos, la mayoría equipara al Hedonismo con una filosofía extrema (aunque el extremismo no era la idea de Epicuro) que sostiene que el placer es el bien más elevado, filosofía muy a menudo perseguida por nuestros alumnos adolescentes.

Entonces, ¿en qué sentido es ética o antiética la decisión del golf? Muy simple. Intentar lanzar la pelota por sobre el lago es un esfuerzo difícil que la mayoría de las veces resultará en un fracaso, y representa un estilo de vida extremo. Conformarse, en cambio, con hacer par rodeando el lago representa la forma de vida sensata y moderada. Aristóteles diría que nadie, salvo Tiger Woods, debería intentar el golpe por sobre el lago. Los estudiantes reaccionarán de diversas maneras a nuestra segunda pregunta (¿Debemos actuar con moderación para vivir una buena vida?): "¿No sería aburrida la vida si todos actuáramos con moderación todo el tiempo? ¿Esa filosofía no daría como resultado la mediocridad general?". Discusiones adicionales sobre el ejemplo del golf podrían llevar también a otras preguntas: ¿La decisión sería diferente si hubiera otros involucrados (por ejemplo, si el ganador se quedara con la casa de la familia del perdedor o si no fuera un juego individual, sino de equipo)? Alguien podría sugerir que la madurez involucra saber cuándo correr riesgos (durante un juego amistoso de golf) y cuándo actuar con moderación (e invertir en fondos para la jubilación).

Si se incluye a otros en la decisión, se plantea un tercer debate ético: el del bien común frente al egoísmo. Hace poco, en una excursión a un museo de arte y recreación en Hollywood, después de un largo trayecto en autobús, tres alumnos de mi clase se escaparon para comprar algo para comer. Durante todo el año la clase había estado aprendiendo que las acciones individuales en estos viajes afectarían a la clase entera, porque, en público, todos representamos a nuestro colegio. A pesar de nuestras instrucciones, los tres alumnos se escabulleron y, por desgracia, pronto se vieron envueltos en un malentendido en un restaurante. Semanas más tarde, cuando todo se calmó, la dirección prohibió a toda la clase futuros viajes de campo, que suelen ser algo destacable del nivel superior.

Probablemente todos coincidiremos en que la acción de esos tres alumnos fue mala, porque desobedecieron las reglas. Sin embargo, en el sentido clásico, Platón diría que actuaron de manera inmoral porque descuidaron el bien común en favor de su propio ego. (En La república, Platón llega a sugerir que los maestros abandonen a sus hijos para poder dedicarse por completo al estado.) La perspectiva contraria podría estar representada por Spinoza, que consideraba que la virtud surgía directamente de la satisfacción del ego: la sociedad progresa cuando el individuo se ocupa de sus propias necesidades. ¿En qué punto estaría hoy la tecnología mundial si Bill Gates no hubiera estado interesado en ganar dinero para él mismo? (Naturalmente, se puede dudar de la posibilidad de que el mundo haya salido beneficiado por la escapada de los alumnos al restaurante, pero el punto aquí es que para determinar la ética de una acción se debe evaluar tanto el bien común como el del propio ego.)

En ese sentido, constantemente tomamos decisiones, quizá sin percibir las dimensiones éticas que implican. Con frecuencia, los sábados a la noche mi esposa y yo decidimos en qué película gastaremos ocho dólares cada uno. Para mí, gastar dieciséis dólares en una tonta historia de amor es un desperdicio total, ya que en pocas semanas estará disponible en video. Entonces, ¿debo satisfacer mi ego y arrastrarla a ver una película valiosa para TDC o tengo que garantizar la "felicidad familiar" y soportar a Meg Ryan durante dos horas? Obviamente, seguiré a Platón -por la senda del bien común- y no a Spinoza.

Cuando se supo que nos habían prohibido los viajes de campo, muchos profesores de nuestro colegio comentaron que era inevitable, dado que el curso del 2003 estaba lleno de "manzanas podridas" y ese incidente era apenas uno más de una larga serie de hechos desafortunados. En síntesis, estábamos condenados. Y ese es otro tema de la ética clásica, que nos lleva a una cuarta pregunta: para alcanzar la felicidad y vivir una buena vida, ¿debemos aceptar nuestro destino o intentar cambiarlo? El estoicismo clásico, fundado por Zenón y apoyado por Epicteto, sostiene que la virtud radica en la aceptación de las cartas de que disponemos. Ganar o perder un partido de fútbol es algo predeterminado y por más que nos preparemos no lograremos cambiar el resultado. Por lo tanto, las exhibiciones de alegría o dolor no tienen razón de ser (de ahí el uso actual de la palabra estoico). Por eso, el hecho de que María acepte la invitación (no deseada) de Fred al baile de graduación o que siga insistiendo con Bill es una decisión ética. El verdadero estoico dirá que todo saldrá tal como estaba predestinado. María puede decirle que sí a Fred y hacerlo feliz; luego, quizá Fred se enferme y no pueda ir al baile, y ella termine yendo con Bill, objeto de su verdadero afecto. Algo para destacar aquí es que en las clases de TDC de mi colegio la mayoría de los alumnos sostiene que debemos ser artífices de nuestro propio destino, y que esa es la única forma de abrirse camino en la vida. Sin embargo, en las clases de filosofía, muchos adoptan una actitud estoica, quizá tras haber pasado por varios "amores verdaderos" y experimentado algunos momentos difíciles que de algún modo los esclarecieron, o por haberse rendido a la convicción religiosa de que todo sucede por algún propósito.

Muchos dirán que los tiempos y las culturas cambian (como la vida de los alumnos), y que, por lo tanto, los absolutos no tienen sentido. Esto nos lleva a un quinto tema de debate: ¿la ética es absoluta o relativa? En una época, cuando yo estaba en el colegio secundario, para asegurarse de que mantuviéramos la distancia adecuada al bailar, los profesores caminaban entre los alumnos con reglas en la mano. Si alguna vez llegábamos a tener la suerte de poder bailar mejilla a mejilla cuando un profesor nos daba la espalda, no queríamos lavarnos ese lado de la cara durante una semana. Cuando Elvis se hizo famoso, en la iglesia nos pedían que juráramos no mirar sus movimientos inmorales. Avancemos rápidamente hasta el 2003. El baile más popular de los colegios secundarios del sur de California podría ser hoy el freak, un claro intento de imitar las relaciones sexuales en la pista de baile (lo único que impide que la relación sexual sea real es la ropa que se exige en todos los bailes escolares, pero aun así la sensación se acentúa si las chicas dejan ver que no llevan ropa interior). La justificación de los alumnos es simple (y probablemente era la que usábamos cuando nos atrapaban bailando mejilla a mejilla hace treinta y cinco años): "Todos lo hacen". Es lo "normal". La moral es algo relativo.

La búsqueda de absolutos ofrece una excelente posibilidad de debate para la clase de TDC. ¿Y los Diez Mandamientos? El cuarto mandamiento dice: "Santificarás las fiestas". Eso implica un día de descanso para honrar a Dios. ¿Es relevante hoy? Uno se vería en apuros para encontrar un alumno del BI de mi colegio que no hiciera tareas escolares en su "Sabbat". ¿Y la regla de oro "No le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti"? En el espíritu del internacionalismo, quizá sea conveniente desterrar esta regla; lo que es bueno, correcto o conveniente para nosotros, en los Estados Unidos (¿la democracia? ¿la riqueza?), puede no serlo para otras culturas. (Por desgracia, muchos de los líderes del mundo actual no han estudiado TDC.)

Así, nuestro curso de TDC puede cerrar el círculo. Empezó, quizá, con un debate sobre la naturaleza objetiva o subjetiva de la verdad, y ahora vemos que la Ética merece la misma intensidad de discusión.

Vemos entonces que la Ética no se limita a una cuestión de verdadero o falso. Cada área de conocimiento es tema de cuestionamiento ético. ¿Debería permitirse la clonación de partes del cuerpo humano para poder salvar vidas, pese a la posibilidad de que algún Hitler futuro quiera clonar una raza perfecta? ¿Deben los matemáticos abusar de las estadísticas para influir a los inversores y ayudar así a la economía? ¿Deben los historiadores escribir historia para preservar la integridad etnocéntrica de una nación? Los filósofos clásicos podrían decir fácilmente que la respuesta ética a estas tres preguntas es sí.

Esto nos lleva a una última y desconcertante pregunta: ¿Puede una acción ser "moral" pero antiética, o viceversa? La respuesta es sí. Pensemos en el Papa, en el Vaticano. Más allá de nuestras convicciones religiosas, podríamos aceptar que el Papa es un líder espiritual que se encuentra en condiciones de tomar decisiones morales para la humanidad. Sin embargo, su posición sobre la inmoralidad de cualquier forma de control de la natalidad que no sea el método del ritmo influye en las prácticas sexuales de los católicos de todo el mundo. Si aceptamos también la premisa de que, en países predominantemente católicos como México, la superpoblación es la raíz de muchos problemas (por ejemplo, la niebla tóxica, la deforestación y la contaminación ambiental), rápidamente podremos concluir que, de acuerdo con el criterio del bien común, el dictamen del Papa es antiético. Su posición moral lleva directamente a problemas de superpoblación.

Finalmente, también es cierto que las acciones "inmorales" pueden ser éticas. En el último decenio ha crecido mucho en los Estados Unidos las popularidad de las drogas para mejorar el rendimiento deportivo. Muchas de esas drogas pueden conseguirse sin receta médica, tanto por el atleta profesional como por el estudiante secundario de culturismo. Sin embargo, muchos dirían que su uso es "inmoral", porque brinda ventajas atléticas injustas a quien las toma o porque son malas para la salud. Supongamos que, pese a las advertencias, un atleta famoso toma estimulantes y muere en el campo de deportes frente a miles de aficionados. A causa de ese hecho terrible, millones de atletas de colegios secundarios dejan de tomar drogas. Observando objetivamente, los filósofos basados en las consecuencias concluirían que, dado que los buenos resultados exceden en mucho a los malos (muchos atletas de colegio secundario dejan las drogas frente a un solo hecho trágico), la toma de drogas del atleta profesional fue algo "ético". Su acción dio como resultado el mayor bien para el mayor número de personas. (Obviamente, hace cientos de años, cuando muchas de las teorías éticas fueron propuestas, el mundo era un lugar mucho más simple.)

Una vez más, recordemos que el objetivo de este artículo no es el de desacreditar la equivalencia moderna entre ética y moral. Esa tendencia es comprensible e imposible de desterrar, y probablemente sea producto de la evolución natural del lenguaje en la cultura (¡una pregunta transversal de TDC!). Tampoco pretendo sugerir que existan formas correctas o incorrectas de enseñar ética. De hecho, a veces es conveniente un enfoque no filosófico para TDC. Sin embargo, sostengo que, en el espíritu de TDC, con su exigencia integral de examinar las cuestiones desde múltiples puntos de vista, la ecuación "ética es igual a moral" parece algo corta de miras. Desde mi punto de vista, TDC debe ser una asignatura provocativa, dinámica y desprejuiciada. La discusión de los problemas del mundo moderno a partir de la ética clásica ofrece una maravillosa oportunidad para alcanzar esos objetivos y es algo que se puede hacer fácilmente, sin siquiera mencionar el nombre de un filósofo, si así lo prefiere el profesor. Temo que existe un peligro: restringir la idea de ética a la de "moral" puede limitar la unidad de TDC sobre Ética a la moral particular del profesor o del país, y que parezca que ese sistema relativo de valores es absoluto. Con la mira puesta en la comprensión internacional, las clases de TDC merecen una perspectiva mucho más amplia.

 

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